Hacia las elecciones presidenciales de 2018:

  • El resultado de las elecciones en Nayarit, Coahuila y el Estado de México no son ni con mucho la antesala de lo que sucederá en el 2018, porque el país no es la suma de sus estados -el todo no es la suma de las partes-. Sin embargo, lo acontecido puede servirnos de aviso de lo que podría suceder si no acotamos el comportamiento disfuncional y oportunista de los partidos. Para empezar el papel de las autoridades electorales resultó deleznable porque cada partido hizo lo que quiso y las malas artes del “mapachismo” se impusieron a las buenas conductas ciudadanas. Lo hemos dicho en entregas anteriores, se impuso “el cochinero” y las irregularidades delictivas electorales se impusieron en la guerra por los votos, convirtiendo la contienda en una especie de tianguis bajo trueque de tinacos por votos, cuando no directamente de dinero líquido a cambio de no votar bajo secuestro de la credencial de elector para aminorar el número de votantes –se sabía que una mayor abstención favorecería al PRI- 
  • Ya nadie puede ganar elecciones sin una alianza, como consecuencia de la atomización del voto, de la falta de una segunda vuelta y de la falta de la obligatoriedad de votar. El PRI ganó –si es que realmente ganó- en el Estado de México gracias a su alianza con los mini partidos o negocios electorales familiares (Verde, Panal y Encuentro Social). El PAN en Nayarit no hubiera llegado al triunfo de su candidato sin la alianza contra natura con el PRD. En Coahuila también se dirime el triunfo en la elección por las dos alianzas en torno de los partidos mayoritarios. Y Morena perdió en el Estado de México –si es que realmente perdió y eso lo sabremos hasta el 16 de agosto- porque no logró o no aceptó una alianza con el PRD que hubiera sido definitiva para desbarrancar al PRI.
  • Sin duda, el PRI ha perdido millones de votos acompañando su desprestigio, reprobación e impopularidad ganados a pulso por prácticas de corrupción inverosímiles, por la impunidad desplegada y porque los problemas más serios del país no sólo no fueron resueltos sino que se han agravado durante el sexenio. Sobre todo sobresale la incapacidad para aminorar la violencia y la inseguridad; aunado al desastre de Pemex y sus hauchicoleros; al bajo crecimiento económico; a la caída estrepitosa de la verdad histórica sobre el caso de Ayotzinapa; a la violación de los derechos humanos a través de la tortura y las desapariciones forzadas. Y tantas razones simbólicas y reales más de la disfuncionalidad del Estado y de los gobiernos priistas. La maquinaria electoral priista funcionó pero a medias, si se considera que en el Estado de México pasaron de un 60% obtenido en la elección de Eruviel Ávila, a un 33.69% de los votos alcanzados por Del Mazo hace dos domingos.
  • Sin duda en el 2018 el PRI echará a funcionar su maquinaria electoral que conjuga: cantidades magnas de dinero –privado, delincuencial y gubernamental- para publicidad electoral, tiempos en los medios y compra directa de votos; habilidades de utilización de las lagunas legales y de los vacíos de autoridad electoral para canjear bienes materiales por votos. Se trata de habilidades delincuenciales electorales probadas a los largo de decenios convertidas en sistema. Asimismo, los priistas recurren a la utilización del miedo como recurso electoral, sobre todo en los sectores rurales más atrasados y más apartados. Y al mismo tiempo los priistas establecen alianzas con grupos de interés de los altos círculos del poder económico, de los viejos aparatos corporativos sindicales y campesinos, y con los nuevos círculos del poder fáctico o delincuencial: con quienes se canjean recursos por favores y servicios a futuro.
  • Sin embargo, la carrera del PRI para mantener la Presidencia es cada día más complicada. No se estima que cuente ese partido con un candidato carismático, con ideas claras de cómo sacar al país del agujero en el que lo metieron los priistas. Un candidato salido de la chistera que logre convencer al electorado de que ahora sí las cosas serán diferentes, cuando todo mundo sabe que a lo largo del sexenio “del cambio” todo fue “más de lo Mismo”; pero con menos habilidades de gobierno de las prometidas bajo el slogan de que ellos sí sabían gobernar; con una ignorancia supina en varios secretarios del primer círculo del gabinete; con juegos de simulación reiterados como forma de gobernar en lugar de enfrentar los problemas para su resolución efectiva.
  • A lo cual habrá que sumar el entorno mundial que no les es favorable por haber apostado por Trump antes de tiempo y en la espera de que la negociación del TLCAN sea lo rápida que necesitan para poder utilizarla como motivo propagandístico de campaña.  Claro bajo la eventualidad no controlada de que Trump, en uno de sus arrebatos regresivos, decida darle a Peña Nieto un golpe monumental llevándose entre las piernas al posible sucesor al entorpecer la renegociación del tratado para complacer al 40% de los electores que lo siguen apoyando y quienes son enemigos jurados del libre comercio.
  • El PAN podría ganar en el 18 si logra rehacer la alianza anti natura con el PRD. Ciertamente si los militantes perredistas de base no deciden votar el mero día por López Obrador que sin duda será el candidato más aventajado de la izquierda. Pero el PAN ya no puede negar que en su casa el desorden es total, por más que su presidente, Ricardo Anaya, cree que el triunfalismo y la simulación son los mejores ingredientes para posicionarse para el 2018 que él piensa poder encabezar. Por más que Margarita Zavala sigue siendo puntera como candidata entre los militantes panistas y enemiga abierta de Anaya, a quien responsabiliza de la aparatosa derrota en el Estado de México. No obstante si se contempla con ojos fríos a Margarita se advierte que tiene pocas ideas claras de cómo gobernar, de hecho es poco articulada y el electorado dudará darle su voto si piensa que de hecho está votando de nueva cuenta por Felipe Calderón. A Felipe se le sigue responsabilizando de la tragedia nacional de la narco-guerra y Margarita no ha sabido deslindarse de esa responsabilidad histórica.
  • En Morena la opinión autoritaria de AMLO sigue siendo la pauta a seguir. El pasado domingo en el congreso de Morena ya advirtió de nueva cuenta que nunca aceptará una alianza con el PRD, bajo el precepto de: antes derrotado que mal acompañado. En tanto, Delfina Gómez Álvarez, candidata de Morena que obtuvo el segundo lugar en la elección del Estado de México, con un millón 879 mil 426 votos (30.91%), dijo que llevará a cabo una serie de protestas pacíficas con el fin de demostrar su rechazo a los cómputos finales tanto en los distritos como en el conjunto de la elección que califican como fraudulenta. Morena tuvo más votos que el PRI en el Estado de México, pero no le alcanzó para triunfar por sí solo; el triunfo se dirimió por los porcentajes de los aliados: el PRI supo mantener sus alianzas y Morena no supo cómo armarlas.
  • Los detractores de AMLO siguen argumentando en su contra: dicen que no es demócrata porque no reconoce los resultados electorales, como si México fuera el paraíso de la rectitud electoral; insisten, con cierta razón, que su comportamiento es mesiánico porque finca en su persona la resolución de los problemas nacionales; sostienen que es autodestructivo y soberbio porque rechaza la alianza con el PRD y porque espera que sus aliados se subordinen sin más a su conducción. Ciertamente los críticos de AMLO no ven que desconfiar del PRD no es un acto de locura, sino de total congruencia.

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